Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro

Tradicionalmente, la Neuropsicología ha sido la disciplina que ha estudiado la relación entre las funciones cognitivas (atención, memoria, lenguaje… entre otras) y la conducta.
No obstante, actualmente esta disciplina va mucho más allá y no solo se relaciona con las funciones cognitivas y la conducta, sino que también se encarga de la evaluación y rehabilitación de las características cognitivas, conductuales, afectivas y relacionales de las personas, tengan o no algún tipo de afectación estructural (anatómica) o funcional (fisiológica).
La evaluación neuropsicológica es un proceso que permite determinar el estado cognitivo, conductual y emocional de una persona, así como identificar los puntos fuertes y las dificultades de cada uno, mediante diversas técnicas neuropsicológicas aplicadas por un profesional experto en este ámbito. La evaluación puede incluir tanto la exploración de las funciones cognitivas, como el grado de autonomía de la persona en la vida diaria y la valoración del estado afectivo, conductual y de personalidad.
Son muchas las situaciones en las que la evaluación neuropsicológica es de gran utilidad. Los casos más habituales en los que se realiza son los siguientes:
- Aquellos en los que se detectan quejas de posibles déficits cognitivos, tanto en la infancia como en la vida adulta, de manera que sirva como punto de partida para diseñar un programa específico de rehabilitación adaptado a las necesidades de cada caso.
- Después de sufrir una lesión o daño cerebral (por traumatismo o ictus, entre otros), para poder identificar los procesos cognitivos que hayan podido quedar afectados, así como los que se han preservado, con el objetivo de plantear una intervención que permita rehabilitar los primeros y potenciar los segundos.
- En el caso de tener algún trastorno o enfermedad psiquiátrica, para detectar posibles alteraciones en funciones o subprocesos cognitivos, con el objetivo de minimizar su impacto en la vida diaria y mejorar la calidad de vida.
- Para conocer el estado cognitivo de base de cualquier persona, sobre todo antes y después de una cirugía, un tratamiento oncológico o una terapia farmacológica. De esta manera, las evaluaciones (pre y post tratamiento) nos permiten registrar la evolución cognitiva del paciente.
- En la línea de lo anterior, también e útil para conocer el grado de mantenimiento, pérdida o recuperación de funciones cognitivas, después de una determinada intervención o cualquier tipo de enfermedad.
- Por último, la evaluación neuropsicológica permite establecer perfiles neuropsicológicos en diagnósticos neurológicos y/o genéticos, que complementan el diagnóstico diferencial de diferentes enfermedades.
